viernes, 21 de septiembre de 2012

Disciplina y Educación

Para la mayoría de los padres de niños en edad preescolar, las discusiones con los hijos son habituales en la vida cotidiana. Con frecuencia acaban malhumorados, dando órdenes, gritando y, en ocasiones, incluso actuando de una manera que después lamentan. Sin embargo, existe una forma más adecuada de actuar. Con este libro, los padres tendrán un guía para intentar poner fin a los constantes conflictos con sus hijos, que interfieren en los placeres de la vida familiar.

Educar niños felices y obedientes con disciplina positiva de Stowe y Thompson ofrece treinta sugerencias fáciles de aplicar que han demostrado su efectividad a la hora de afrontar las situaciones cotidianas que ponen a prueba la paciencia de los padres. Al enfrentarse a situaciones de tensión que exigen acciones y resultados eficaces, este libro ofrece a los padres las claves para educar a sus hijos con seguridad y confianza.

Capítulo I Introducción
¿Está harto de que le den la lata?
"Un niño de dieciocho meses al que generalmente le gusta salir de paseo, de repente se niega rotundamente a  subir al cochecito. Mamá  se ve obligada a forcejear con él para  montarlo, entre gritos,  patadas y arqueamientos  de espalda. Un  niño de dos  años se niega  a cogerse a  la mano de  papá cuando pasean  por el parque.  Papá reacciona cogiéndole  más fuerte si  cabe. Pero tan  pronto afloja la  sujeción, el pequeño  se suelta, sale  disparado y corre  alegremente mientras el  frenético padre se  lanza a la  carga. Un niño  de tres años  ha pedido espaguetis  y varitas de  pescado para cenar;  no se lo  comerà. Un niño  de cinco años  piensa que sus  padres son “unos  idiotas rematados” y  así se lo  hace saber. ¿Hay  algo que le  resulte familiar? ¿Ha  pasado por esa  experiencia? ¡Los niños  en edad preescolar  son maravillosos: verdaderos  seres humanos en  miniatura! Mientras les  vemos crecer, desde  menudos recién nacidos  hasta unos jovencitos  que se encaminan  hacia su primer  día de guardería,  nos tienen encandilados;  son una delicia.  Pero también son  capaces de ponernos como  un basilisco con  la misma facilidad.  ¿Por qué cuesta  tanto conseguir que  hagan todas estas  sencillas cosas que  deben hacer? ¿Por  qué tenemos que  enzarzarnos en un  sinfín de tiras  y aflojas durante  todo el día?  ¿Qué más quieren  de nosotros? Sé  perfectamente lo que  desea, porque es  lo que desean  todos los padres:  que su hijo  se comporte de  un modo que  le permita seguir  avanzando, con equilibrio,  hacia lo que  será su vida  futura. Quiere que  aprenda a hablar,  a vestirse solo,  a compartir sus  juguetes, a jugar  apaciblemente con los  demás niños, a  usar el lavabo,  a no correr  por la calle,  a aceptar lo  que debe hacer,  a superar las  dificultades y a  eludir lo que  parece perjudicial para  èl. Y con  el tiempo, a  hacer sus deberes,  a ser responsable  consigo mismo y  con los demás,  a marcharse de  casa, a encontrar  trabajo, a casarse.  En una palabra,  lo que usted  desea es que  se convierta en  un sujeto independiente.  Pues bien, veamos  ahora lo que  quiere su hijo:  ¡exactamente las mismas  cosas! Desea estar  en línea, en  consonancia con su  propia vida. Es  decir, ser independiente.  Teniendo en cuenta  que tanto usted  como su vástago  comparten el mismo  objetivo, ser padre  debería ser una  tarea fácil. Pero  como bien sabe,  a menudo es  sumamente complejo.
Hasta  los cinco años,  el crecimiento es  vertiginoso. En estas  edades, su pequeño  está aprendiendo –  demás de andar,  hablar, comer y  los hábitos básicos  de higiene ‐  que algunas cosas  son seguras y  otras peligrosas, que  mamá y papá  son perfectos y,  más tarde, que  mamá y papá  no son perfectos,  que existen otros  niños en el  mundo, que unas  veces son divertidos  y otras odiosos,  que no sabe  cómo hacer un  montón de cosas  que querría hacer,  etc. En ocasiones,  todo esto hace  que se enfade,  que se sienta  frustrado, que tenga  miedo, que se  sienta exhausto, que  se muestre impetuoso  o, de algún  modo, preocupado por  su forma de  vida actual. A  menudo, estos sentimientos  le llevan a  quejarse por todo,  a tomarse las  cosas con una  extremada parsimonia, a  pegar por cualquier  motivo, a responder  no sistemáticamente, y  a tener malas  pulgas, entre otras  reacciones desagradables, casi  siempre hacia usted.  Son conductas naturales,  sin el menor  atisbo de maldad  en ellas. Es  asì como el  niño intenta conseguir  lo que quiere  o necesita. Ni  que decir tiene  que también son  los tipos de  comportamiento que le  sacan de sus  casillas y que  hacen que la  mayor parte del  tiempo que pasa  con su hijo  no sea lo  agradable que usted  desearía, la clase  de conductas que  le obligan a  actuar de un  modo que no  le satisface en  lo más mínimo  y que preferiría  evitar: estar constantemente  encima de él,  convertirse en un policía y dictarle órdenes, gritarle y, las más veces, acabar perdiendo los papeles.                                                                                                          

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