martes, 10 de enero de 2012

Ir al colegio solos se ha convertido en una rareza para chicos de primaria

Aunque no para las escuelas rurales, que integradas en los pueblos y rodeadas de espacios naturales permiten un entorno de proximidad inimaginable para cualquier escuela urbana. Un reciente artículo del diario El Pais, titulado "Más calle para los niños" analiza la sobreprotección de los niños en las escuelas urbanas y el desconocimiento del entorno mas próximo. A continuación un resumen:
"Los padres perciben las calles como peligrosas, cada vez juegan menos chavales en ellas sin supervisión de un adulto, cada vez es más raro que vayan al colegio solos, algo que hace unas décadas era muy frecuente. Los centros comerciales se han convertido en el refugio en el que dejan a sus hijos con tranquilidad, un universo cerrado y vigilado que parece fuera de riesgos. En parte se debe a unas ciudades hostiles, pensadas para los coches, poco amables para la infancia. Pero también a una retroalimentación. Incluso los padres que verían natural una mayor libertad para sus niños, pueden llegar a pensar que algo hacen mal cuando los hijos de los demás están tan protegidos. Les sobreviene una culpa por darles una autonomía que en ocasiones es muy recomendable, según los expertos consultados. Y entran en esta misma dinámica.
El pedagogo italiano Francesco Tonucci findador del proyecto La Città dei Bambini (La Ciudad de los Niños), aporta algunos datos que marcan sus objetivos: "en Inglaterra, por ejemplo, un 90% de los que tenían entre 6 y 11 años iban solos a la escuela en los años sesenta. Este porcentaje se ha ido reduciendo paulatinamente y se queda hoy alrededor del 5%. Hay una pérdida de autonomía casi total”, se queja. Postula que hay que revertir esta situación. “Estamos viviendo una paradoja. Cuando yo era pequeño, hace 60 años, no se sabía casi nada de los niños. Era una temporada de espera. Lo importante era cuidarlos para que llegaran a ser adultos, que era la edad importante. En esta situación se les permitían bastantes cosas. No se les llamaba derechos, pero sí que tenían permitido vivir y usar espacios que los adultos no utilizaban y gozaban del tiempo libre necesario para hacerlo. Jugaban con amigos sin un control directo. Hoy la actitud de los adultos ha sido de hacer bastantes más cosas para los niños encerrándolos en espacios dedicados a ellos que los excluyen de la vida social. Se les reservan lugares como jardines, casi siempre cerrados, con rejas, para protegerlos, con columpios y toboganes, todos iguales y siempre tienen que ir vigilados. En el momento que sabemos cuan importante es la infancia, que los primeros años son fundamentales para el resto de la vida, los estamos excluyendo; es una forma de miedo respecto a la infancia porque nos interesa que no estén en medio de las cosas de mayores”, explica.
Happy Bunker de Pau Faus para  Ingràvid

Una de las iniciativas del proyecto de Tonucci es la de fomentar que los niños vayan solos al colegio. Se trata de concienciar a todos los residentes de una zona para que tomen partido en el trayecto. Que los comerciantes y vecinos estén algo pendientes al recorrido de los escolares para que puedan ir a la escuela sin acompañamiento de un adulto desde los primeros cursos de primaria.
(...) Nuria Thomas, profesora y pedagoga de un instituto en Barcelona, lleva tres décadas contemplando el paso a la adolescencia de cientos de chavales. En estos años ha observado algunos fenómenos: “Los chicos no conocen la ciudad. Las familias cada vez los llevan menos a ver los lugares interesantes de donde viven y descubren los monumentos con nosotros, con las excursiones del instituto”. Con respecto a la sobreprotección, también apunta algunas paradojas: “Necesitan una autorización para cualquier cosa, incluso para una clase de educación física en el entorno del centro. También están ahora mucho más regulados el control de ausencias y retrasos. Pero es porque resulta mucho más frecuente que lleguen tarde por quedarse dormidos, por ejemplo. Y esto es culpa de los padres”, asume. En ocasiones hay una especie de esquizofrenia entre la hiperregulación y el descuido de las familias."
Artículo completo: El PAIS 6 Enero de 2012 por Pablo Linde

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