miércoles, 21 de septiembre de 2011

Los consejos sobre salud en libros de texto escolares se basan en un pobre nivel de evidencia

El estudio "Are the health messages in schoolbooks based on scientific evidence? A descriptive study. BMC Public Health. 2011 Jan 26;11(1):54 llama la atención sobre el pobre nivel de evidencia en el que se basan las recomendaciones sanitarias incluidas en los libros de texto de primaria y secundaría. Así, destacan los autores, el 25% de los contenidos relativos a salud de los libros de texto carecen de base científica, por lo que los expertos estiman necesario revisar los manuales escolares al considerar que "no son del todo precisos".
Por apartados, casi el 42% de los mensajes sobre accidentes domésticos, el 40% de los referidos a conducta sexual y sida y el 30% de los referidos a consumo de alcohol, no estaban basados en evidencia alguna. 
En la versión española del artículo, publicada en la revista Evidencias Pediátricas,  se recogen las siguientes valoraciones y recomendaciones:
Justificación: la adquisición de hábitos de salud positivos debe iniciarse en la infancia y adolescencia. La escuela ocupa un lugar primordial para lograr este objetivo. De la misma forma que en el ámbito sanitario asistencial es preciso que las actuaciones de los profesionales se guíen por la mejor evidencia disponible, procedente de guías de práctica clínica o revisiones sistemáticas, las recomendaciones sanitarias dirigidas a la población general (y a la infancia-adolescencia en particular) deberían guiarse por los mismos parámetros. Para determinar si esto sucede así, son necesarios estudios como el aquí valorado.
Validez o rigor científico: se trata de un estudio descriptivo realizado sobre libros de texto. Los autores han definido de forma adecuada y a priori unos criterios de selección adecuados, tanto para los libros a analizar como para el contenido de los mensajes de salud. Los niveles de evidencia están asimismo claramente definidos. Se define a priori también el método de búsqueda de la mejor evidencia disponible mediante el metabuscador TRIP Database, que puede considerarse actualmente como uno de los estándares de referencia en lo que a búsqueda de información médica de calidad y jerarquización de la misma se refiere. Cabría plantear si el concepto de “se consideró válida solamente la información obtenida de las guías de práctica clínica y de las revisiones sistemáticas” puede considerarse una simplificación excesiva en relación a la clasificación de la calidad de las pruebas científicas, pudiendo haber contribuido al elevado porcentaje de “evidencia no clasificable”.
Importancia clínica: en un 61% de los mensajes sobre temas de salud no fue posible asignar un nivel de evidencia y un 24,6% de los mensajes analizados no estaban sustentados por evidencia alguna. Por temas específicos, en el 100% de los mensajes referidos a conducta sexual-SIDA no fue posible clasificar el nivel de evidencia o bien esta era inexistente. Respecto a consumos de riesgo como tabaco (85,2%), alcohol (72,5%) y drogas (72,7%), la situación es similar. En España se está asistiendo a un repunte de las enfermedades de transmisión sexual1. El consumo de alcohol, tabaco y otras drogas es elevado entre nuestros adolescentes2. Por todo ello, es importante que las recomendaciones dirigidas a la población infantojuvenil sobre estos y otros temas estén solidamente fundamentadas en las mejores pruebas científicas. La educación en las escuelas es precisamente la medida que la población identifica como más eficaz según la Encuesta Domiciliaria sobre Alcohol y Drogas en España (EDADES) 2009/20103.
Aplicabilidad en la práctica clínica:
teniendo en cuenta la magnitud de algunos de los problemas de salud sobre los cuales se emiten recomendaciones de evidencia inclasificable o inexistente en los libros de texto, urge que las instituciones oficiales sanitarias y de enseñanza revisen a fondo esta cuestión. Las recomendaciones sobre salud presentes en los libros de texto deben basarse en las mejores pruebas disponibles, como sucede en las guías de práctica clínica. Además, estas recomendaciones deberán estar redactadas en un lenguaje fácilmente comprensible teniendo siempre presente el tipo de población a la que van dirigidas.
Si sucede esto en las reconendaciones sanitarias, sobre las cuales hay una gran evidencia científica acumulada, nos preguntamos ¿en que se basarán las recomendaciones éticas en los libros de texto de Educación para la Ciudadanía?

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