lunes, 14 de febrero de 2011

Els nens que mengen malament

Un 47 % de las familias españolas con niños de entre 1 y 10 años afirma que sus hijos comen mal, es decir poca variedad, poca cantidad, tardan mucho en comer, o todo a la vez, según concluye el estudio nacional Pedisure sobre Niños Malcomedores (2009), que publicado por el Observatorio de la Nutrición Infantil Abbott.

La investigación, realizada con una muestra de 906 familias repartidas en las comunidades autónomas de Andalucía, Madrid, Galicia, Comunidad Valenciana, Cataluña y País Vasco, tuvo como objetivo detectar las causas del comportamiento del niño malcomedor y, en consecuencia, aportar una serie de medidas que ayuden a los padres a solucionar el problema
El 62 % come despacio, más de la mitad de los niños apenas comen verduras y frutas (52%), y demuestran un gran rechazo a ciertos alimentos (50%). Estos comportamientos se agudizan en niños menores de 3 años, además es ligeramente mayor en chicos que en chicas, y también en aquellos que son hijos únicos, según se observa en la encuesta.
Además, los niños comen muy poca variedad de alimentos y casi la mitad no llega a comer nunca determinados alimentos como son las verduras y legumbres (64%), el pescados (44%) y las frutas (40%). Al respecto, los padres consultados señalan que sus hijos comen una media de casi 9 tipos de productos distintos, aunque la mayoría de estos son productos son lácteos y derivados, así como pastas, pan, patatas, etc. Uno de cada tres niños come muy poca variedad de alimentos y casi la mitad no llega a tomar nunca los más saludables.
En este punto radica una de las causas del comportamiento del niño 'malcomedor' porque, para evitar enfrentamientos y castigos, los padres terminan ofreciéndole sólo aquello que le gusta.
Los primeros síntomas se detectan a partir de los dos años, momento en que se incurre en el primer error: pensar que con el tiempo se solucionará el problema y que acabarán comiendo de todo por iniciativa propia. Sin embargo, conforme crecen, el conflicto se va agravando, ya que a los diez años un niño lleva más de cinco alimentándose incorrectamente y esa conducta es muy complicada de cambiar. Los malos hábitos alimenticios pueden derivar en problemas en el desarrollo físico y psíquico, provocan un bajo rendimiento escolar y desembocan en trastornos como la obesidad, la anorexia y la bulimia.
Las causas principales de esta situación residen en la cesión a los caprichos y deseos del niño, en detrimento de una ausencia de normas que cumplir a la hora de las comidas. En otras causas, se encuentra la predisposición a imitar los hábitos de alimentación de los padres.
El 90% de los padres admite que se enfada con sus hijos ante el rechazo de la comida y que la duración del almuerzo se prolonga en exceso. Las discusiones y los enfados a la hora de comer llevan al niño a negarse a participar de la comida, puesto que el niño concibe este momento como una situación de estrés y por tanto intenta evitarla a toda costa, con la consiguiente imposición por parte de los padres, la discusión y vuelta a empezar. Así, el estudio detecta que en el 40 por ciento de las ocasiones la hora de comer termina en enfrentamiento.
Los niños con esta tendencia emplean una media de 45 minutos para comer, prácticamente el doble de tiempo que sus padres consideran suficiente y que ronda los veinte minutos.
Los padres reconocen que terminan cediendo a las preferencias del niño o intentan distraerlo con juegos o la televisión. Un 75% de los pequeños come viendo la televisión y tarda el doble de lo habitual. Cuando la conducta de los padres es ceder a los antojos del niño, se favorece que el comportamiento tienda a perpetuarse.
Rabietas anticomida
Es fundamental saber manejar las rabietas anticomida y evitar el chantaje emocional. Por ejemplo, en el caso de las neofobias -no probar comidas nuevas- se puede presentar al niño pequeñas cantidades del alimento junto con su plato preferido, disminuyendo la posibilidad de un rechazo frontal al nuevo alimento.
Una conducta más patológica es la de la ingesta selectiva, que puede conducir a otros trastornos de la conducta alimentaría si no se interviene a tiempo.
Casi un 70% de los padres de niños que comen mal reconoce abiertamente que esto preocupa de forma importante a la familia y que es algo que merma su estado físico y psicológico, al verse sobrepasados.
La importancia de las normas
Es necesario establecer unas normas y una disciplina en cuanto a las comidas, respetar unos horarios y unas costumbres en la mesa, como comer en familia, no permitir la selección de alimentos y evitar la televisión y los juegos. Cuando transcurren los 20 ó 25 minutos que debe durar la comida, y si el niño se ha negado a comer en ese tiempo, se le retira el plato de la mesa sin provocar discusión o manifestar enfado, y se intenta evitar que coma hasta la siguiente comida. Estas pautas son extensibles a los comedores colectivos de las escuelas. Aunque el comportamiento en la mesa suelen ser diferente en la escuela que en casa, establecer unas normas de comedor es también útil para modular la conducta de los niños malcomedores.
Sobre todo, se aconseja restar importancia a la comida e intentar hablar de otros temas durante el tiempo que se pase en la mesa, para evitar que el niño utilice el negarse a ingerir como un chantaje emocional con el que lograr ser el centro de atención.
Ser paciente, firme y consistente a la hora de establecer unas normas para el momento de la comida como compartir mesa con los adultos para que los niños imiten sus hábitos, evitar ver la televisión y los juegos, no ceder a los caprichos del niño, reforzar sus comportamientos positivos y desatender los negativos, y sobre todo, restar importancia a la comida e intentar hablar de otros temas durante el tiempo que se pase a la mesa.
Para solucionar este problema, es muy recomendable acudir a profesional experto en psicología infantil o del aprendizaje que evalúe la dimensión del problema y sus posibles soluciones, que van desde la disminución de la ansiedad frente a la comida, hasta la reeducación alimentaria del niño y de los padres. Este proceso de reeducación implica la instauración de buenos hábitos de comida, y pero para ello los padres deben de ser también persistentes, pacientes y firmes.
El manejo emocional de los niños malcomedores debe hacerse antes de la intervención conductual y después de la reeducación de los padres y de que estos aprendan las normas básicas de alimentación. Los niños malcomedores expresan en sus hábitos alimenticios el malestar emocional, desde un cambio de colegio a la separación de los padres.
Detrás de un niño de 1 a 3 años que no come suela haber alguna dificultad en la relación familiar, sea primaria o secundaria al acto de comer. El niño tiene que aprender el control sobre sí mismo y a identificar sus propias sensaciones corporales. Comer cuando tiene hambre y dejar de comer cuando se ha saciado. Siempre hay que diferenciar la comida de los aspectos emocionales y eso implica que no se les puede castigar ni premiar nunca con comida, ni siquiera con un postre.
Este proceso de reeducación en el que se instauren buenos hábitos puede ser lento y prolongarse hasta un año, en el que es posible que el niño coma menos. En él puede haber etapas en las que el niño coma menos, por eso igual es conveniente que un pedíatra supervise la posibilidad de incluir un suplemento nutricional.
Fuente de la noticia: Pedisure; Abbott España

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