jueves, 23 de diciembre de 2010

Immersió lingüística. Aprenen, però ho passen malament

Inmersión lingüística

Aprenden, pero lo pasan mal En Kindsein Magazine ISSN 1885-6535

Al contrario de la creencia popular, la inmersión lingüística no es el mejor método para que los niños aprendan una lengua distinta a la suya.
Según un estudio realizado en el Instituto Frank Porter Graham (FPG) de Desarrollo Infantil, de la Universidad de North Carolina, los alumnos de pre-escolar que asistían a clases bilingües de español-inglés aprendieron al mismo ritmo que los que estaban en inmersión lingüística. Pero los primeros, que no oían nunca su lengua materna en clase, fueron más objeto de burlas, "buying", aislamiento, y ansiedad que los que tenían maestras que hablaban con ellos, de vez en cuando, en español.
«Encontramos beneficios cuando los niños aprendían en ambas lenguas, su lengua materna y la lengua mayoritaria, el inglés», señala una de las investigadoras de estudio, Gisele Crawford. «No encontramos pruebas de que la inmersión en inglés ayudó a los niños a aprender antes inglés».
Según los expertos, hay muchos programas de primera infancia que pueden acabar aislando a los niños que aprenden inglés y provocar que tengan problemas sociales y de idioma. Florence Chang, autora principal del estudio y ex-científica del FPG, alertó de que «el enfoque en que se considera que el inglés es lo mejor, ignora las complejidades y factores de estrés de las transiciones de los niños hacia la primera infancia y la escuela».
El estudio se hizo con 345 niños hispanohablantes que asistían a distintos programas de Educación Infantil en inglés. En el 78% de las clases, más de la mitad de los alumnos eran hispanos. Algunos profesores hablaban español, además de la lengua vehicular (inglés), y otros sólo inglés. Los investigadores, bilingües, observaron la interacción de los diferentes maestros con los niños, y los profesores también participaron evaluando a los alumnos.
 Evaluación
Según dicha evaluación, los niños a los que se les hablaba de vez en cuando en su lengua materna desarrollaron mejores habilidades sociales y experimentaron menos aislamiento, agresiones, burlas y bullying que los compañeros con profesores que sólo les hablaban inglés. Además, los profesores que hablaban español prestaban más atención a los alumnos hispanos, hablaban más a menudo con ellos y tenían una mejor relación.
Los profesores que sabían español, lo usaban menos del 20% del tiempo con sus alumnos. Mientras que casi la cuarta parte de los niños estudiados tenían profesores que no utilizaban ni una palabra en español en clase. Resultó que ni el uso de español por unos profesores ni la ausencia total de la lengua materna de los niños en clase influyeron en su habilidad final con el inglés.
Por otro lado, la cantidad de español que los profesores utilizaban con los niños también estaba relacionada con la puntuación de los profesores en: tolerancia a la frustración, agresividad, orientación a tareas, habilidades sociales con los compañeros. Cuanto más alta era la proporción de inglés, los alumnos mostraban más problemas de comportamiento y de aprendizaje y peor tolerancia a la frustración. «La inmersión no es el único camino para tener un buen nivel de inglés», dice Crawford.
El estudio titulado "Spanish-Speaking Children's Social and Language Development in Pre-Kindergarten Classrooms" está publicado en la revista Early Education and Development

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