martes, 5 de octubre de 2010

Manual de resistència passiva contra la desraó educativa

Manual de resistencia pasiva contra la sinrazón educativa. 
Que nadie se asuste, no se trata de echarse al monte sino de utilizar unas normas que no nos gustan para darles la vuelta y desmontar un sistema nefasto desde dentro. Tampoco es ser posibilista, el tiempo de esto ha pasado, ahora es el momento de forzar el ordenamiento. El potencial de la resistencia pasiva es inmenso, recordemos que Gandhi inició el desmontaje del Imperio Británico de una manera bastante humilde. ¿Era más fuerte el Imperio Británico que el edificio Logse-loesiano? Hemos de comprobarlo. 

 1. Burrocracia pedagocrática: Todos esos papeles que se nos caen por los pasillos, que atascan la fotocopiadora, que comen nuestro tiempo y espacio.
  • Informes personalizados trimestrales: Tienen varios nombres, dependiendo de la taifa que los instituye. Se trata de esos mamotretos (o aplicación informática) en los que hay que escribir lo que deben hacer los alumnos suspensos para aprobar. Ejercicio por ejercicio, alumno por alumno. Son una penalización clara al profesor riguroso; así se lo oí off the record a un inspector. En este apartado se escribe simplemente: Que haga lo que no ha hecho y estudie lo que no ha estudiado. Tienen otra vertiente, más orwelliana, en la cual hay que clasificar al alumno, decir si “interactúa” bien, los “roles” que asume. Ignorarlo. Poner “buen o mal comportamiento” según corresponda.
  • Competencias básicas: En cualquier documento donde deban aparecer, escribir su nombre solamente y, a continuación, centrarse en los contenidos. No entrar al trapo. No somos burócratas gestores de competencias sino transmisores de conocimiento.
2. Doctrina: El último escalón que la imparte son los orientadores, comisarios políticos en los centros. Este punto está especialmente dirigido a los tutores, quienes semanalmente tienen una hora al menos de “tutoría”, para llenar la cual se les suele entregar el lunes a primera hora material, bien en forma de jueguecitos, cuestionarios, consignas, celebración del día de esto o de lo otro. Estos papeles bien podemos recogerlos y tirarlos a la papelera, o no cogerlos. La hora de tutoría la organiza cada tutor y esto es innegociable.
  • Actividades extraescolares dudosas: Celebración de la jornada solidaria contra el cambio climático, con los pueblos indígenas, etc. Las actividades programadas de tipo cultural, visitas a museos y demás, hay que realizarlas y son positivas. Quizá no quede más remedio que tragarnos alguna tontería también programada. Sin embargo, cuando inopinadamente nos dicen que saquemos a los críos al salón de actos o al patio para celebrar la tontada del mes o porque viene un paniaguado “solidario” a repartir doctrinilla de eso que llaman igualdad, o a explicar cómo se pone y se quita un preservativo, los niños siguen con nosotros en el aula. Nos negamos. No pueden hacernos nada más allá de llamarnos reaccionarios por la espalda.
4. Programaciones didácticas: Ya sabemos que en su dimensión actual estos documentos son un lastre. No obstante, es necesario tenerlas actualizadas porque suele ser la brecha por donde entran los inspectores. Una vez hecho esto, los criterios de evaluación y calificación se cumplen a rajatabla. Aplicar esos criterios, tan blanditos y difusos normalmente, puede darnos sorpresas. Si tiene que suspender un 50% o 60% de la clase, que suspenda, no está prohibido. En las sesiones de evaluación no regalamos el aprobado a nadie, por más presiones que tengamos. Si nos llama el inspector, que revise nuestras programaciones. Si entra en nuestro grupo y nos dice que “damos clases magistrales”, le respondemos: “Naturalmente, porque soy maestro, se supone que experto en la materia, y mis alumnos no los son. Mi deber es que tengan un nivel de conocimientos acorde con lo exigido”.
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