miércoles, 13 de octubre de 2010

Fracàs i abandonament escolar a Espanya (II)

Fracaso y abandono escolar en España. Colección Estudios Sociales. La Caixa. 2010
Resumen (pág. 186-187):
 El problema, probablemente mal formulado, es el de la relevancia de la familia en el fracaso escolar. No nos referimos aquí al peso del capital cultural, el conocimiento de la dinámica educativa, los recursos económicos o las expectativas escolares, que están fuera de duda, sino a la idea de que la gravedad del fracaso, el abandono, el rechazo o el bajo rendimiento se deben a la escasa atención prestada por las familias a la educación y su poca colaboración con la escuela y los profesores. Según este relato, las familias no apoyan a la escuela, se alinean con los adolescentes en contra de sus profesores, etcétera. Si esto fuera cierto, debería serlo especialmente en el caso de los alumnos que presentan problemas de disciplina, pero lo que nos dicen los expedientes es que las familias de estos alumnos son bastante más diligentes que el resto a la hora de atender a las llamadas del centro. Es posible que hagan más caso simplemente porque no tienen más remedio, pero aun así no se sostiene la imagen de las familias alejadas, opuestas o indiferentes. Hagamos notar también otro detalle que no debe pasar desapercibido: los problemas graves de disciplina no parecen tener antecedentes, según los expedientes, en problemas leves anteriores,lo cual desafía toda lógica y toda experiencia y lleva a pensar que no es que no haya antecedentes, sino que no se les ha prestado atención. Es decir,que se descuida la disciplina, esta vez por parte del centro, hasta que se convierte en un asunto grave.
 Los testimonios de los alumnos nos hablan una y otra vez de familias que los presionan para que estudien, mientras que el empujón personal e inmediato en sentido contrario les llega por lo general de otro entorno, en concreto del grupo de iguales. Pero el grupo de iguales tiene su origen y su caldo de cultivo en el centro mismo, no fuera de él, siendo a menudo, incluso, el único motivo que los alumnos más proclives al abandono encuentran para permanecer en la escuela. Las actitudes antiescolares, pues, salvo tal vez para grupos muy determinados y culturalmente muy distantes de la corriente principal, no tienen su origen en la familia, sino en la escuela, donde al descuido de la institución se une la dinámica autoalimentada del grupo de pares en la adolescencia; esta situación favorece la conversión de conductas episódicas en estrategias sistemáticas de rechazo.

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