miércoles, 13 de octubre de 2010

Fracàs i abandonament escolar a Espanya (I)

Fracaso y abandono escolar en España. Colección Estudios Sociales. La Caixa. 2010
Resumen (pág. 188 y sig.):
No se ha prestado la debida atención es el brusco paso de la educación primaria a la Educación Secundaria Obligatoria. En España ha supuesto el sometimiento de la ESO a los modos y maneras del bachillerato, que no son precisamente un ejemplo de atención a las necesidades del alumno. Para empezar, el alumno pasa de depender fundamentalmente de un profesor principal, ya que no único (el llamado maestro-tutor, y ya es mal síntoma que haya habido que llamarlo así para recordar que su papel no era simplemente el de enseñante), con el que mantenía una relación global, multifacética y sin duda con un componente afectivo, a depender de casi una docena de profesores,cada uno dedicado a su asignatura y con sus propios criterios.
 Esto supone,en primer lugar, la pérdida de la singularidad del maestro, sustituido ahora por exiguos segmentos de docente; en segundo lugar, la sustitución de la unidad de criterio (bueno o malo), que conllevaba la preeminencia del maestro-tutor, por la dispersión y la inconsistencia, ante la yuxtaposición de criterios distintos ofrecidos por docentes a los que no se puede imponer coordinación alguna.Sobre el papel, esta descorporización de la función tutelar, producto de la sustitución de un maestro por muchos profesores, debía ser compensada por los departamentos de orientación y tutoría, pero es de dominio público que éstos no funcionan como es debido. La inconsistencia de criterios conlleva asimismo un descrédito del criterio del adulto, que es más de lo que necesitan los adolescentes para revolverse contra ellos y contra la institución a esas edades.
A la vez, la asignación general de la ESO a los Institutos de Enseñanza Secundaria (en el sector público) ha supuesto la imposición en la mayor parte del territorio nacional, por la vía de los hechos, de la eufemísticamente denominada jornada continua, es decir, matinal, en un ejemplo claro de intensificación del trabajo discente en aras de la reducción de la jornada docente. Tengan o no dificultades escolares por la mañana, puedan o no acceder a otras actividades formativas por la tarde, la mayoría de los alumnos de la ESO en el territorio español se han visto embutidos por la fuerza en una organización horaria ya difícil para sus mayores en el bachillerato o la formación profesional, siempre que sus padres no hayan optado por llevárselos a la enseñanza privada. Al mismo tiempo, han pasado a depender de un profesorado con mejor formación disciplinaria, pero con nula formación pedagógica, en su mayoría imbuido de una visión selectiva y meritocrática del sistema escolar que se compadece malcon la universalización de esa etapa obligatoria. De hecho, los testimonios de los alumnos coinciden en que el paso de la primaria a la ESO, de la escuela al IES, es un salto para todos difícil, para muchos traumático y para algunos el comienzo del fin.
Una consecuencia más de la minuciosa división del trabajo por asignaturas, a la vez que de la falta de formación pedagógica del profesorado de secundaria y de la pretensión de que los alumnos de hoy, que son todos, se comporten como los de antaño, que eran unos pocos, y además auto y heteroseleccionados,es que el profesor no se considera obligado a ocuparse en modo alguno de nada que no sea su asignatura. Se produce así una dimisión generalizada de la función adulta de tutela sobre un alumnado que sigue siendo adolescente, en todo caso no adulto y todavía necesitado de supervisión, con el consiguiente abandono de los espacios y tiempos no disciplinarios, que pasan por ello a ser indisciplinados: patios, pasillos, comedores, descansos entre las clases,recreos, entradas y salidas… Es lo que expresan una y otra vez los alumnos cuando afirman que «la mayor novedad de la ESO fue comprobar que los profesores pasan de nosotros».

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